
1 may 2013
ADIOS A LAS ARMAS / Ernest Hemingway
Publicado por
lcrhca

CAPÍTULO XXXII
Acostado en el suelo del vagón, al lado de los cañones bajo la lona, estaba empapado, tenía frío y me moría de hambre. Acabé por volverme y acostarme boca abajo, con la cabeza apoyada en el brazo. Mi rodilla estaba tiesa, pero se había portado muy bien. Valentini había hecho un buen trabajo. Había hecho la mitad de la retirada...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)