7 feb 2016

Breviario de Podredumbre - E. M. Cioran (Précis de décomposition, 1949)

 
El anti-profeta
En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo... La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos...
De los desharrapados a los snobs, todos gastan su generosidad criminal, todos distribuyen recetas de felicidad, todos quieren dirigir los pasos de todos: la vida en común se hace intolerable y la vida consigo mismo más intolerable todavía: cuando no se interviene en los asuntos de los otros, se está tan inquieto de los propios que se convierte al «yo» en religión o, apóstol invertido, se le niega: somos víctimas del juego universal...
La abundancia de soluciones a los aspectos de la existencia sólo es igualada por su futilidad. La Historia: Manufactura de ideales..., mitología lunática... frenesí de hordas y de solitarios, rechazo de aceptar la realidad tal cual es, sed mortal de ficciones...
La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestro orgullo transforman en planeta la parcela de carne y de conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría. Pero vivir es cegarse sobre sus propias dimensiones...
Si todos nuestros actos, desde la respiración hasta la fundación de imperios o de sistemas metafísicos, derivan de una ilusión sobre nuestra importancia, con mayor razón aún el instinto profético. ¿Quién, con la exacta visión de su nulidad, intentaría ser eficaz y erigirse en salvador?
Nostalgia de un mundo sin «ideal», de una agonía sin doctrina, de una eternidad sin vida... El Paraíso... Pero no podríamos existir un instante sin engañarnos: el profeta en cada uno de nosotros es el rasgo de locura que nos hace prosperar en nuestro vacío.
El hombre idealmente lúcido, luego idealmente normal, no debería tener ningún recurso fuera de la nada que está en él... Me parece oírle: «Desgajado del fin, de todos los fines, no conservo de mis deseos y mis amarguras sino las fórmulas. Habiendo resistido a la tentación de sacar conclusiones, he vencido al espíritu, como he vencido a la vida por el horror a buscarle una solución. El espectáculo del hombre -¡qué vomitivo! El amor-, un encuentro de dos salivas... Todos los sentimientos extraen su absoluto de la miseria de las glándulas. No hay nobleza sino en la negación de la existencia, en una sonrisa que domina paisajes aniquilados. (En otro tiempo, tuve un «yo», ahora no soy más que un objeto. Me atraco de todas las drogas de la soledad; las del mundo fueron demasiado débiles para hacérmela olvidar. Habiendo matado el profeta en mí, ¿cómo conservaré aún un sitio entre los hombres?)».
 

12 ene 2016

Lecc10nes de Economía (que los gobiernos quisieran ocultarle) / Juan Fernando Carpio Tobar-Subia



Viva mejor gracias al Capitalismo

En el principio todos eran pobres.

Luego -hace relativamente muy poco en la Historia- aparecen las empresas comerciales y el panorama cambia radicalmente para una gran porción de la humanidad. Descartada la burda falacia de que el colonialismo enriquece, demos paso a la explicación de por qué la empresa privada es el fundamento del bienestar general de una nación, para el llamado Primer Mundo y gran parte de Asia. Al contrario de lo que Karl Marx y Adam Smith incorrectamente pensaron, la forma “primitiva” en que se obtenía un ingreso, no era por definición un salario si no una ganancia. Hacer esta distinción permite apreciar el fundamental papel de las empresas en la creación de riqueza para una nación. Como explica G. Reisman, mientras más capitalista sea el sistema económico, más altos son los salarios pagados a los trabajadores. Los capitalistas no deducen sus ganancias de la “plusvalía no entregada” a los trabajadores. Por el contrario, los trabajadores reciben un salario que es un costo que los capitalistas (empresarios) deben descontar de su ingreso, que en principio sería totalmente ganancia.

Para entender esto, imagínese que usted es alfarero. Todo lo que usted obtiene por ventas luego de costos, es ganancia. Para crecer, no le queda otra alternativa que contratar más gente. Pero la ganancia -la creación de valor y los clientes- son producto de su mente y su creatividad. Es decir, usted no le roba la ganancia a su colaborador contratado, si no que usted es responsable por la creación de un salario para alguien, que se resta como costo de esa ganancia pura. En otras palabras, Marx basó toda su teoría económica sobre una falacia, una gran mentira teórica e histórica. El valor no se encuentra en el trabajo en sí mismo, sino en el tiempo y creatividad dedicados a la creación de productos y servicios que mejoran la calidad de vida para nuestros semejantes. Es en esa valoración subjetiva donde está el centro de la creación de riqueza, no en las horas trabajadas, y eso implica una comprensión de la Economía radicalmente distinta. Lo interesante es que con el desarrollo económico capitalista, la división del trabajo aumenta y el recurso humano comienza a ser escaso frente a los otros recursos (naturales y capital) complementarios para cualquier tipo de producción material. Así, se crea una competencia por los trabajadores, escasos frente a la producción creciente. Esta es la única razón, no hay otra, por la cual los salarios aumentan y compran más cada año en un sistema capitalista.

En ausencia de depreciación monetaria (causada hoy sistemáticamente por los Estados), cada incremento de productividad vuelve más valioso al recurso humano con relación al resto de recursos y la gente puede comprar más cada año. En un sistema de libre competencia, mientras más exitosos y ricos sean los capitalistas, más altos serán los salarios con respecto a las ganancias puras.

Es por eso que la clase media aparece con fuerza en las ciudades comerciales e industriales, adoptando cada año inventos, elementos artísticos y estándares de vida que recientemente eran un lujo de pocos. Taiwán, que hace 50 años tenía el mismo nivel de vida de Kenya, ahora tiene un ingreso por habitante 20 veces superior. Y tomando en cuenta que todos nos levantamos por la mañana para producir, ¿no quisiera usted que esas mismas 8-10 horas le permitieran comprar más cada año (o trabajar menos para alcanzar nuestro estilo de vida latino y no tan complicado)? Tal vez su hijo sería un gran artista o intelectual con lo ahorrado; o un nuevo Marx, quien vivió de herencias y de Engels -su Mecenas- mientras llevaba a media humanidad hacia el desastre.
 

©2011 El Bípedo Implume | FuuTheme diseñado por Fuutec | Ir arriba ↑