19 mar 2014
CAIN / José Saramago
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Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que el de Caín; por la fe, Dios mismo, al recibir sus dones, lo acreditó como justo; por ella sigue hablando despues de muerto.
Hebreos, 11, 4
LIBRO DE LOS DISPARATES
1
Cuando el señor, también conocido como dios, se dio cuenta de que a adán y eva, perfectos en todo lo que se mostraba a la vista, no les salía ni una palabra de la boca ni emitían un simple sonido, por primario que fuera, no tuvo otro remedio que irritarse consigo mismo, ya que no había nadie más en el jardín del edén a quien responsabilizar de la gravísima falta, mientras que los otros animales, producto todos ellos, así como los dos humanos, del hágase divino, unos a través de mugidos y rugidos, otros con gruñidos, graznidos, silbos y cacareos, disfrutaban ya de voz propia. En un acceso de ira, sorprendente en quien todo lo podría solucionar con otro rápido fíat, corrió hacia la pareja y, a uno y luego al otro, sin contemplaciones, sin medias tintas, les metió la lengua garganta adentro. En los escritos en los que, a lo largo de los tiempos, se han ido consignando de forma más o menos fortuita los acontecimientos de esas remotas épocas, tanto los de posible certificación canónica futura como los que eran fruto de imaginaciones apócrifas e irremediablemente heréticas, no se aclara la duda de a qué lengua se refería, si al músculo flexible y húmedo que se mueve y remueve en la cavidad bucal y a veces fuera, o al habla, también llamado idioma, del que el señor lamentablemente se había olvidado y que ignoramos cuál era, dado que no quedó el menor vestigio, ni tan siquiera un corazón grabado en la corteza de un árbol con una leyenda sentimental, algo tipo te amo, eva.
Como una cosa, en principio, no va sin la otra, es probable que otro objetivo del violento empellón que el señor les dio a las mudas lenguas de sus retoños fuese ponerlas en contacto con las interioridades más profundas del ser corporal, las llamadas incomodidades del ser, para que, en el porvenir, y con algún conocimiento de causa, se pudiera hablar de su oscura y laberíntica confusión, a cuya ventana, la boca, ya comenzaban a asomar. Todo puede ser. Como es lógico, por escrúpulos de buen artífice que sólo le favorecían, además de compensar con la debida humildad la anterior negligencia, el señor quiso comprobar que su error había sido corregido, y así le preguntó a adán, Tú, cómo te llamas, y el hombre respondió, Soy adán, tu primogénito, señor. Después, el creador se dirigió a la mujer, Y tú, cómo te llamas tú, Soy eva, señor, la primera dama, respondió ella innecesariamente, dado que no había otra. El señor se dio por satisfecho, se despidió con un paternal Hasta luego, y se fue a su vida. Entonces, por primera vez adán le dijo a eva, Vámonos a la cama.
19 feb 2014
Proceso a Jesús / José María Ribas Alba
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¿Fueron justos los procesos que soportó Jesús? ¿Fue legítima la intervención judicial de las autoridades judías y del prefecto romano Poncio Pilato? Según la ley y el derecho de la época " a Jesucristo no lo crucificaron los judíos ni los romanos, sino la Ley y el Derecho". Los procesos a Jesús deben ser considerados acordes con las normas y la mentalidad de la época. El predicaba un mensaje que representaba una heterodoxia radical.
Los acontecimientos políticos, religiosos y jurídicos materializaron el rechazo de la sociedad de su tiempo al nuevo Mesías y las claves fundamentales por las que se le procesó, fueron determinadas por la situación política de Palestina y el roce obligado entre la radicalidad de su doctrina y las autoridades judías, representantes de un régimen teocrático. Su mensaje termino chocando también con la autoridad romana provincial, dado que la ideología imperial reservaba al propio emperador el monopolio universal de la mediación entre los hombres y los dioses. La filiación divina de Jesús suponía un socavamiento de la autoridad del emperador.
El delito de blasfemia judío y el de lesa majestad romano tienen muchos puntos de contacto: en ambos casos se trata de delitos político-religiosos y no cabe hablar, por tanto, de un proceso religioso, el judío, y de otro político, el romano. En el proceso existieron trámites procesales anteriores al momento de la detención en Getsemaní y, en todo caso, "el final terrenal de Jesús fue el resultado de un verdadero proceso según el derecho penal y procesal de la época".
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